Ella, una bambola…

Sólo te conozco de un par de días. No hemos cruzado muchas palabras, por nuestra diferencia de edad, de idioma, por tu timidez,… Sólo te conozco de eso; sin embargo, tus ojos verdes, reflejo de tu alma pura e inocente, me permiten conocerte mejor, tanto que casi me puedo ver…

Aún eres joven y cambiarás en muchos aspectos. Los giros de la vida te llevarán por mil sitios que en estos momentos no podremos ni imaginar. Podrás cambiar o no… Pero desde esta distancia temporal y espacial que hay entre nosotras, permíteme darte un consejo: no hagas caso de lo que de ti dicen. No hagas caso de todas esas cosas que dicen sin apenas conocerte.

Aprovecha tu momento y haz de ti aquello que sueñas ser. No te pongas límites, aprende a conocerte y sé aquello que quieras ser poniéndolo todo a tu favor. Da igual que te digan que eres tímida, tienes miles de cualidades más que pesan y pesarán por encima de la timidez. Ríe, juega, llora,… No tengas miedo de hacer lo que deseas, pero hazlo con razón y corazón. Es difícil encontrar el equilibrio, pero lo encontrarás!

No tengas miedo de las cosas que la vida ponga en tu camino. Ríe, que no te dé vergüenza; se reirán y sonreirán contigo. Juega, haz de la vida un juego en donde no lastimes a nadie. Y llora, llóralo todo, y aunque te digan que es de débiles no les hagas caso, llorar te hará bien…

Pequeña bambola de ojos verdes, aprovecha la oportunidad que tienes con tu familia. Conoce, empápate de toda esa gente que transita y transitará por tu vida con su efímero paso. No te enfades si les tomas aprecio y luego deben marcharse a miles de kilómetros de ti. En su recuerdo dejarás, sin duda, una huella de tu alma pura e inocente que les hará remontar a su niñez con agrado.

Querida bambola, nunca pierdas el brillo de tus ojos, tu inocencia y esa timidez que te hacen estar alerta. No dejes de mirarlo todo de la manera en que lo haces. En este mundo necesitamos más personas como tú.

(Quizá el día de mañana no me recuerdes, por eso te agradezco ahora el paso que hiciste por mi vida.)

Ma si sveglierà il tuo cuore in un giorno d’estate rovente in cui il sole sarà
E cambierai la tristezza dei pianti in sorrisi lucenti tu sorriderai
E arriverà il sapore del bacio più dolce e un abbraccio che ti scalderà

Arriverà una frase e una luna di quelle che poi ti sorprenderà

https://youtu.be/g1vveTJN8Do

Él, a su edad…

Él llega con su coche, se presenta, hace un par de preguntas y luego observa. No entiende mucho. Él es prudente, o eso da a entender. Llueve y empieza a darse cuenta que algo no encaja en los roles que él ha aprendido durante todos estos años… Pasado un rato, él ve en mis nervios reflejados sus propios miedos e inseguridades, no sabe cómo actuar. Yo veo en los suyos muchas historias, entre ellas que él no ha decidido estar ahí, aunque no está incomodo. Poco a poco él va dejando el gesto serio para sonreír con mayor frecuencia.

Pasan los días y él confirma que en esta historia los roles aprendidos quedan descuadrados y mucho, pero que no está mal… Y poco a poco ve como, aunque no nos entendemos, nos comunicamos con la mirada. Él va preguntando más cosas, poco a poco, por curiosidad pero sin intención de molestar. Él va sonriendo más, pierde el miedo.

Él pregunta y se extraña de que ya haya terminado la carrera y de que me guste lo que estoy haciendo. Con gesto amable entramos en la sala y aunque él sabe que no tengo un buen día me anima diciendo que será algo breve. Lo que él no se podía imaginar es que el día no era malo sino pésimo y que ante esa sala llena de hombres gritando yo no me iba a quedar parada. Él se extraña al verme actuar, pero con aprobación. Él no entiende mucho que hago en un mundo de hombres pero no lo ve mal…

Él sabe que no me siento segura, me mira a los ojos y entiende todo. Sabe que ya confío en él, aunque más tarde me pregunta y confirma sus sospechas. Volvemos para casa. Charlamos de la vida que llevamos, de nuestras diferencias y de las pocas semejanzas. Él es mayor y no se formó en esto, lo hace por obligación familiar, por complacer, por eso pregunta cómo es mi mundo. Yo trato de entender porqué él lo hace… pero nos sonreímos. Por eso él se va y me deja un aviso, se encarga de dejarlo todo bien atado para que me llegue el mensaje.

Desde aquel día no nos hemos vuelto a ver. Él sabe que estoy bien y que no me pasará nada mientras esté aquí, pero de él mismo no está tan seguro porque algo, algo quiere cambiar…

(Él es un anonimo en el mundo. Un jóven como miles aquí. Quiere vivir su vida, pero vive la de otro que no es él. Quiere cambiar muchas cosas pero tiene miedo, no sabe por dónde empezar, no sabe cómo empezar por él. Y se lamenta del tiempo…

Son nuestras vidas totalmente opuestas viendo como en el lugar del otro todo sería muchísimo más fácil…)

Y sabe que su mundo gira lento
y todo por las ganas de luchar.
Y cuando la esperanza va muriendo
lo único que quiere es despertar.

Como un terremoto en un desierto que,
que todo se derrumba y nadie ve que ya estoy muerto…

Lo saben todos que en caso de peligro
se salva sólo quien sabe volar muy bien.
Pues excluyendo los pilotos, nubes, águilas, aviones
y a los ángeles quedas tú.
Y yo me pregunto dime qué harás,
que ya nadie vendrá a salvarte…
Mil cumplidos por la vida de campeón,
insultos por el rastro de un error…

Diario de una Leonardo, decimoséptimo día

Tratamos de cambiar al mundo sin cambiarnos a nosotros mismos. Es por eso que fracasamos una y otra vez y que nuestras utopías se van apagando. Empezar por pequeños cambios, por palabras o pequeñas acciones. Cambiar uno y luego cambiar al otro, concienciar…

Sin rebajes de aceras, sin contenedores que reciclen, sin bolsa para las tapitas, sin ley antitabaco… Pequeños gestos cotidianos que me recuerdan las importancia de los mismos, ahora que no los tengo… Y así dejar el mundo un poco mejor de como nos lo entregaron.

Pero nos frustramos viendo que nada cambia, que no cambiamos nada. Y quizá sea que esperamos resultados sin ver el camino; pero somos incapaces de ver que queda una pequeña esperanza de que pase, cada vez que alguien se plantee el cambio.

Recuerdo como pactamos cambiar el mundo, como prometimos hacer todo por mejorarlo para las generaciones que están llegando, y como, muchas veces, vimos como nos lo habían entregado, como nos lo han entregado…

Hoy me sirve que alguien se haya concienciado de la importancia de reciclar las pilas, aunque luego no sé a donde llegarán, me basta con que vea que alguien en este mundo si se ofende cuando ni se plantean tener el simple gesto de apartarlas. Hoy me sirve con que alguien se plantee la situación al menos dos segundos. Ese, ya es un gran cambio…

Mientras esta ciudad me sigue sorprendiendo y mostrando señales yo sigo recordando… (“Que llegue ese sol…”)

He estado recordando los momentos que te di,
cuántos tu me diste y porque ahora estoy aquí,
sentada en el suelo pensando que te quiero,
que te quise tanto, y que tu amor me es necesario!!!

Déjenme llorar quiero sacarlo de mi pecho,
con mi llanto apagar este fuego que arde adentro,
Déjenme llorar quiero despedirme en silencio,
hacer mi mente razonar que para esto no hay remedio.

Te olvidare lo juro, lo siento…

Forse noi non siamo fatti per cambiare.
forse noi non lo saremo mai.
Ma non è principio imprescindibile di ciò che sei per me.
Lascerò che sia il tempo a decidere chi sei per me.
Lascerò all’istinto e dal buio tutto tornerà limpido.
Lascerò (lascerò) che sia il tempo a decidere chi sei per me.
Lascerò all’istinto e quel cielo poi ritornerà limpido.

Diario de una Leonardo, Noveno día

Las señales aparecen el día que más las necesitas, en el momento menos esperado. Otras aparecen como un deja-vu en sueños. Sea como sea, ayudan a calmar las malas sensaciones: aquellas que nos provoca lo desconocido, el miedo, la vergüenza, la angustia por el qué pasará, … Una visión rápida del futuro, una foto, tiempo congelado…

La luna guía mis pasos, en sentido literal, metafórico, tatuada en el pie, desde la distancia. Mil y una maneras de hacerme ver que de alguna u otra manera estamos recorriendo un buen camino, aunque hoy mis pies estén cansados.

Y ando mejor a veces cuando no sé dónde ir,
cuando no ataca el sueño y me da por escribir.
Se niega el sol a salir,  hoy no te pongas así.
Yo ya no hablo de mi destino,
Tus ojos mil.

En el fondo, en el alma, en el fin, en lo que queda de mi…

La nostalgia del verano llega con puntualidad,
y mis sueños demorados  patearon la capital.

 (Y si tu y yo, algún día, debemos volver a encontrarnos… que sea así!)

Mientras tanto, ando estas calles nuevas, la nueva oficina, los nuevos compañeros, el barrio,… Con ganas de ver lo que el destino y las señales tengan preparado para mi, aunque hoy todo me señala a ti!

Modificación del 09/06/2014:

Se notaba otro ambiente en la casa, otras ganas de estar allí. Dimos un buen paseo por la ciudad, por calles por las que puedo confirmar que jamás volví a pasar, por callejones y cuestas que nos hicieron reir y pasar una buena mañana. Y eso bastaba…

Diario de una Leonardo, Séptimo día

Desde hace tiempo ya, los 27, 28 y 29 de cada mes se vuelven algo tristes. A veces suceden cosas que me hacen olvidarlo, pero el corazón va más rápido y siempre, tarde o temprano, termino recordando y dándome cuenta como, en esas fechas, entristezco por momentos…

Pensé que al llegar al mar podríamos cambiar tantos finales de mes tristes, que podría comenzar a sonreir más por esas pequeñas señales del destino. Hoy me di cuenta que no, que los 27, 28 y 29 de cada mes siempre serán tristes; tristes y felices a la vez, llenos de señales que me hagan recordar que quizás haya cosa que jamás se deban olvidar.

Un abrazo eterno entre el cielo y la tierra, carteles, señales de tráfico, números, nombres… Cualquier cosa me basta. Me baño en el mar, medito, encuentro paz y agradezco estar aquí. Aquí y ahora, recordando a tanta gente que se hace presente y necesaria en estos nuevos días. Gente que antes sabía que me encontraría, saludaría y, en muchos casos, hablaríamos con la mirada. Gente que estaba en mi día a día y quizá no valoré lo que realmente valía.

 Quizá sea que este 27, 28 y 29 debía pasarlos aquí, alejada de tantas cosas y con el mar tan cerca. Quizá sea que todo está escrito y debía ser ahora el momento de aprender que hay cosas que recordaré y que me entristecerán siempre, pero que me harán ser más feliz que nunca… El mar sana

Cuando la tormenta pase, será el sol el que nos saque.

Si el amor es lo único que hay, yo sé que algún día
el diamante que salí a buscar será nuestro guía…

Cuando la tormenta pase, será el sol el que nos salve.

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo…
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!