Diario de una Leonardo, decimoséptimo día

Tratamos de cambiar al mundo sin cambiarnos a nosotros mismos. Es por eso que fracasamos una y otra vez y que nuestras utopías se van apagando. Empezar por pequeños cambios, por palabras o pequeñas acciones. Cambiar uno y luego cambiar al otro, concienciar…

Sin rebajes de aceras, sin contenedores que reciclen, sin bolsa para las tapitas, sin ley antitabaco… Pequeños gestos cotidianos que me recuerdan las importancia de los mismos, ahora que no los tengo… Y así dejar el mundo un poco mejor de como nos lo entregaron.

Pero nos frustramos viendo que nada cambia, que no cambiamos nada. Y quizá sea que esperamos resultados sin ver el camino; pero somos incapaces de ver que queda una pequeña esperanza de que pase, cada vez que alguien se plantee el cambio.

Recuerdo como pactamos cambiar el mundo, como prometimos hacer todo por mejorarlo para las generaciones que están llegando, y como, muchas veces, vimos como nos lo habían entregado, como nos lo han entregado…

Hoy me sirve que alguien se haya concienciado de la importancia de reciclar las pilas, aunque luego no sé a donde llegarán, me basta con que vea que alguien en este mundo si se ofende cuando ni se plantean tener el simple gesto de apartarlas. Hoy me sirve con que alguien se plantee la situación al menos dos segundos. Ese, ya es un gran cambio…

Mientras esta ciudad me sigue sorprendiendo y mostrando señales yo sigo recordando… (“Que llegue ese sol…”)

He estado recordando los momentos que te di,
cuántos tu me diste y porque ahora estoy aquí,
sentada en el suelo pensando que te quiero,
que te quise tanto, y que tu amor me es necesario!!!

Déjenme llorar quiero sacarlo de mi pecho,
con mi llanto apagar este fuego que arde adentro,
Déjenme llorar quiero despedirme en silencio,
hacer mi mente razonar que para esto no hay remedio.

Te olvidare lo juro, lo siento…

Forse noi non siamo fatti per cambiare.
forse noi non lo saremo mai.
Ma non è principio imprescindibile di ciò che sei per me.
Lascerò che sia il tempo a decidere chi sei per me.
Lascerò all’istinto e dal buio tutto tornerà limpido.
Lascerò (lascerò) che sia il tempo a decidere chi sei per me.
Lascerò all’istinto e quel cielo poi ritornerà limpido.

Diario de una Leonardo, Noveno día

Las señales aparecen el día que más las necesitas, en el momento menos esperado. Otras aparecen como un deja-vu en sueños. Sea como sea, ayudan a calmar las malas sensaciones: aquellas que nos provoca lo desconocido, el miedo, la vergüenza, la angustia por el qué pasará, … Una visión rápida del futuro, una foto, tiempo congelado…

La luna guía mis pasos, en sentido literal, metafórico, tatuada en el pie, desde la distancia. Mil y una maneras de hacerme ver que de alguna u otra manera estamos recorriendo un buen camino, aunque hoy mis pies estén cansados.

Y ando mejor a veces cuando no sé dónde ir,
cuando no ataca el sueño y me da por escribir.
Se niega el sol a salir,  hoy no te pongas así.
Yo ya no hablo de mi destino,
Tus ojos mil.

En el fondo, en el alma, en el fin, en lo que queda de mi…

La nostalgia del verano llega con puntualidad,
y mis sueños demorados  patearon la capital.

 (Y si tu y yo, algún día, debemos volver a encontrarnos… que sea así!)

Mientras tanto, ando estas calles nuevas, la nueva oficina, los nuevos compañeros, el barrio,… Con ganas de ver lo que el destino y las señales tengan preparado para mi, aunque hoy todo me señala a ti!

Modificación del 09/06/2014:

Se notaba otro ambiente en la casa, otras ganas de estar allí. Dimos un buen paseo por la ciudad, por calles por las que puedo confirmar que jamás volví a pasar, por callejones y cuestas que nos hicieron reir y pasar una buena mañana. Y eso bastaba…

Diario de una Leonardo, Séptimo día

Desde hace tiempo ya, los 27, 28 y 29 de cada mes se vuelven algo tristes. A veces suceden cosas que me hacen olvidarlo, pero el corazón va más rápido y siempre, tarde o temprano, termino recordando y dándome cuenta como, en esas fechas, entristezco por momentos…

Pensé que al llegar al mar podríamos cambiar tantos finales de mes tristes, que podría comenzar a sonreir más por esas pequeñas señales del destino. Hoy me di cuenta que no, que los 27, 28 y 29 de cada mes siempre serán tristes; tristes y felices a la vez, llenos de señales que me hagan recordar que quizás haya cosa que jamás se deban olvidar.

Un abrazo eterno entre el cielo y la tierra, carteles, señales de tráfico, números, nombres… Cualquier cosa me basta. Me baño en el mar, medito, encuentro paz y agradezco estar aquí. Aquí y ahora, recordando a tanta gente que se hace presente y necesaria en estos nuevos días. Gente que antes sabía que me encontraría, saludaría y, en muchos casos, hablaríamos con la mirada. Gente que estaba en mi día a día y quizá no valoré lo que realmente valía.

 Quizá sea que este 27, 28 y 29 debía pasarlos aquí, alejada de tantas cosas y con el mar tan cerca. Quizá sea que todo está escrito y debía ser ahora el momento de aprender que hay cosas que recordaré y que me entristecerán siempre, pero que me harán ser más feliz que nunca… El mar sana

Cuando la tormenta pase, será el sol el que nos saque.

Si el amor es lo único que hay, yo sé que algún día
el diamante que salí a buscar será nuestro guía…

Cuando la tormenta pase, será el sol el que nos salve.

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo…
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Diario de una Leonardo, Quinto día

El último día en la academia ha sido un momento de sentimientos encontrados. Ver como gente que conoces de tan sólo 4 días te abre las puertas de su casa, te presenta a su familia y te da sus datos para que, para cualquier cosa, cuentes con ellos. Sé que los volveremos a ver en estos días, que estamos a unas calles, pero por momentos creo que vuelvo a mi ciudad y que esto, esto tan sólo es un sueño…

Y que lindo sueño!!! Puedo empezar a confirmar que me he enamorado de esta ciudad y de su gente. Me he enamorado de su playa (la de piedras), de sus calles (sin aceras), de la felicidad que se ve en sus rostros, de lo poco que necesitan para ser felices mientras nosotros cada vez pedimos mas…

En un día normal de playa, en cualquier ciudad costera española, habría tendido mi toalla en cualquier hueco que quedara por ocupar, me habría puesto los cascos y el ipod habría reproducido unas cuantas canciones. Hoy, 27 de septiembre, me bastaron unos pocos rayos de sol y un bikini para ir a la playa y contemplar como a veces, menos es mas…

Paz, relax, tranquilidad… Quizá sea que necesitaba esto en mi vida, que necesitaba estar un día de septiembre en la playa, sin nada que interrumpiera mi conexión con el mar. Quizá sea que mandan señales y quizá mi ipod olvidado en casa tampoco sea casualidad…

¿Dónde estábamos hace 3 años? ¿ y 4? El tiempo lo cambia todo, salvo los sentimientos

No esperes me digo espera por dios,
aligera el paso que nunca llegó.
Me olvido, te busco y un adiós me encuentro,
escucho tus pasos porque los invento.
Crei que creyendo podría pasar,
paso si que es cierto pero sin pasar…

La luna no brilla, ingresa en urgencias.
La calle, el ruido, no alivia esta pena…

Diario de una Leonardo, Tercer día

El sonido de los aviones, los camiones y coches se empieza a hacer costumbre. Costumbre que olvido cuando abro la ventana y veo el mar. Un día de calor a finales de septiembre, ¿hacía cuánto tiempo que no recordábamos algo así? Creo que nunca lo habíamos vivido…

Comenzar en una ciudad de cero es complicado. En nuestro caso tenemos a unas personas cerca que nos ayudan enormemente. Hoy hemos decidido no avisarles que tenemos un problema: nuestra dependencia de internet. Y vamos a explorar el maravilloso mundo de las líneas móviles con internet en Italia. Pasado el primer día de clase y con el merchandaising de la academia creemos que esta tarde podemos prescindir de estudiar y vamos a poner en práctica nuestros primeros conocimientos.

El supermercado es otro de nuestros problemas, ¿dónde comprar? Creo que valoraremos muchas cosas de nuestra ciudad que nunca antes habíamos valorado, ni observado detenidamente…

Creo que me estoy enamorando de esta ciudad…

Se ho bisogno, lo so, di sentire che dentro c’è voglia di ridere
qualche cosa in cui credere.

E per ogni giorno mi prendo un ricordo che tengo nascosto lontano dal tempo, insieme agli sguardi, veloci momenti che tengo per me.
E se ti fermassi soltanto un momento potresti capire davvero che è questo che cerco di dirti da circa una vita.

Ya nos veremos en algún lugar, en alguna fiesta, en cualquier ciudad. Cuando me hables con el corazón…

Y todo lo que no contás es todo lo que alguna vez con toda mi alma voy a confiar.

Lo que pasó fue para bien, no lo trates de entender, sabés que ya no hay vuelta atrás. Tuvimos la oportunidad.

Y si algo aprendimos en el mundo es que el mejor momento aún no vino, está por llegar.

Confiá.