Cuando sepas de mí

“Cuando sepas de mi”
Un relato que se parece a nuestra historia, o quizás no, no lo sé…
Pero ojalá…

“Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

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Amor en vientre subrogado

Hoy en día hay miles de formas aceptadas para formar una familia: matrimonios por la Iglesia, por el juzgado, parejas de hecho, parejas de mujeres, de hombres, etc. A su vez estas parejas deciden formar una vida en común y criar, educar, tener hijos (biológicos, acogidos o adoptarlos).

Desde el punto de vista biológico todo nacimiento viene del amor, del dolor de un parto transformado en el amor por el ser que llega al mundo. Por que, aún con tantos avances en la ciencia, la mujer es la única vía posible para traer al mundo un bebé. Presuponemos que las parejas están juntas por amor, que tienen hijos por amor; pero, últimamente se habla del vientre de alquiler de un modo despectivo.

Ser madre/padre: la mayor muestra de amor

Hablaré de vientre subrogado básicamente por un motivo: nadie alquila un vientre. No se puede alquilar un vientre.

Algunas personas (hombre y/o mujeres) no pueden tener hijos biológicos por el procedimiento habitual. Los avances en la ciencia pueden ayudar en muchos de estos casos a tener hijos, sin embrago muchos otros se ven condenados a no poder tener hijos, no porque no sean capaces sino porque la naturaleza así lo ha decidido.

Se habla de egoísmo, del egoísmo de una pareja o de personas solteras que, no pudiendo tener hijos, acuden a este tipo de tratamiento para ser padres. Se habla del interés de una mujer por prestar su vientre para que esto se pueda llevar a cabo. Y yo me pregunto: ese egoísmo que suponemos que hay, les hace peores o más egoístas que una pareja que está en crisis y decide tener hijos para solucionarlo? Les hace peores que aquellas parejas que teniendo un hijo enfermo recurren a tener un “hijo-medicamento” para salvarle la vida? Peor que aquellas personas que, llegadas a una edad, deciden poner como prioridad tener un hijo para no llegar a mayores solos?

El amor es simplemente amor. El amor es egoísta y trae: primero dolor y luego el más dulce de los placeres. Un bebé es amor y cuando crece, esa persona que decide tener un hijo también es amor. Una vida es amor.

Entonces, hablar del egoísmo de los vientres subrogados se vuelve banal. Una mujer presta su vientre para que un bebé venga al mundo, no por dinero. Unos padres utilizan este método porque es la última de sus posibilidades para ser padres, no por egoísmo sino para dar amor.

Cuesta dinero, mucho dinero, si… Pero ese dinero sirve para cubrir los gastos en médicos: para que la mujer embarazada esté saludable durante esos 9 meses, para que no corra peligro ella, ni el bebé; en definitiva: para cuidar de ambas vidas. Un muestra de amor desinteresada por parte de la mujer portadora del bebé durante 9 meses hacia los padres del bebé (biológicos ambos, o no, padres al fin y al cabo).

Amor. Amor egoísta si quieren, pero como todos los amores; ni mejores ni peores… amores!

Para saber más del tema y conocer casos en especial les recomiendo seguir a Marisa Brel , periodista y escritora argentina que ha luchado mucho por ser madre y que, gracias a estos avances lo ha conseguido. En sus libros nos relata sus vivencias, que pueden servir de ejemplo e incluso de consejo para aquellos que no lo tienen muy claro se animen, para aquellas mujeres que tengan tanto amor, y tan desinteresado, se ofrezcan a ayudar a traer más vidas al mundo mediante vientres subrogados.

También os dejo este video, donde se relata la llegada al mundo de Timoteo, porque: no soy la primera mujer, ni seré la última pero que sería de todos nosotros sin la fuerza y la entrega de una mujer que soporta el peor de los dolores para traer vidas a este mundo y de aquellas que, siendo las mismas mujeres o no, nos dan amor durante toda nuestra vida!